ladrona

roba besos de sueños húmedos
ladra maullidos
desde tejados deshechos en celofanes
a cuadros
transpira deseos
en vorágines ventanas
de lunas fantaseadas
aspira alientos nocturnos
en medio de sueños en combustión

al despertar bruscamente
solo te quedará
el ruido del vacío de cenizas

humo

sustrajo tu ardor
mendiga de sexo
cleptómana de onirias encendidas

conjuntivitis

lágrimasapedreadas
por la suciedad de su carencia

cavidadesemparchadas
por copas rotas de fantasmales
fragmentos de sintagmas

unojoaladeriva
de un poema que no es

unecomurmulleando
recostado en el umbral otro

ella-otra-mirandome
desde acá
surcando barcos violetas
que rompen voces
depetalosajados

abulfeda

sombras de hastíos
dibujadas en un caracol disecado
que ella misma crío

apenas filigramas de sangre
que se diluyen en su vestido de fiesta
- malditos pompones -

lámparas de luciérnagas muertas
de vidas suicidadas
trasversalmente en lunas rotas sin lenguaje

ella reza por no saber pedir
ella mira por no saber hablar.-

r.

mira desde su infinitud de cenizas
el aroma franco de su margarita
deshecha.
contiene el aliento
para no gritar espasmos
de delirios rancios
de amapolas que destilan venenos.
con abriles oxidados
muere en el tic del su reloj.
resuena frenetico tac
y vomita sueños rotos.

rompe en llanto.

se abraza a su silencio.

Diagonal

Acuclilladas,
sobre un oxidado puente postizo,
se evaporan
las lágrimas de una impía resaca.
La escarcha mustia
de tiempo milenarios
derrite verbos pronunciados por la lluvia.
Y en el sueño adormecido del olvido
arremete la negra marea
para desaparecer huellas de bóvedas ensangrentadas.

Facsimil

Yo y la que fui
esperamos el reproche
bajo margaritas ajadas
bañadas con el sudor del lodo.

El viento rompe los huesos
de la mirada.
Ella ríe y llora en un suspiro,
desliza ocasos
entre jaulas de algodón
donde guarda retazos de su piel.
Camina sobre brasas
suspendida por hilos de miel.

Ella no sabe hacia donde va
pero sabe que quiere ir
y yo con ella.

Rombo

Borró paisajes
de lunas inconexas y de relojes rotos.
Surco mares yermos
confiada a un barrilete de terciopelo.
Caminó con los tobillos muertos
entre clavos de desiertos
diseminando lluvias de lilas.
Robó el apéndice de su historia,
asesino los puntos suspensivos,
y los cremó junto a las notas al pie.
Subió a su barrilete y volvió.



Feliz.