En medio de un bosque de piedras blancas ella camina hacia un sendero escrito con palabras muertas.
Entre las tumbas que pisa y las flores con verdín se deshacen ensueños de vestidos con tul violeta.
Las muñecas decapitadas que dormitan en su bolso comienzan a desperezarse y patalean. Sus cabezas chillan. El ruido se hace insoportable y ella grita con él.
Grita y la garganta le sangra. Grita y los ojos se inyectan de recuerdos. Grita hasta quedarse sin alma.
Ni siquiera así puede exorcizar sus demonios.
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